Alberto Zerain,Everest 2010(Cara Norte - Corredor Hornbein)

Everest - "Ochomilismo" en la actualidad

Monte Everest

Han pasado 56 años desde aquel hito histórico de 1953 y el Everest sigue albergando en su mundo de roca y hielo el magnetismo necesario para que los alpinistas sigan persiguiendo sus sueños más fascinantes. Las motivaciones que mueven al hombre para caer al embrujo de esta montaña son bien dispares. Desde quien lo elige por escapar de la rutina, el que busca la cima como si de un trofeo se tratara, el que piensa que la cumbre puede ser una compra más en un mundo ávido de consumo, el que escoge el Everest por ser para él el límite de lo escalable o el que quiere realizar una ascensión innovadora en la que cuenta más el estilo y la estrategia que la misma cima.

Por desgracia, lo que más ha proliferado tanto en las expediciones al Everest como al resto de montañas de ochomil metros son las expediciones que quieren todo rápido y con el mínimo esfuerzo para lo que el apoyo en los medios artificiales, como el oxígeno y las cuerdas fijas, y humanos, como los sherpas, resulta imprescindible.

Hoy en día el Everest ha sido ascendido por 18 rutas diferentes, algunas de ellas de gran dificultad, compromiso y belleza. Ahora bien, el 95% de las ascensiones han sido realizadas por las rutas clásicas de las dos vertientes, tibetana y nepalí. Lo que nos viene a decir que a pesar de haber transcurrido muchos años desde que el primer hombre pisó la cumbre del Everest, resulta difícil volver a tener la mentalidad de aquellos pioneros que buscaban la aventura de lo desconocido. Esto se debe en parte a que en general al ser humano tanto en la montaña como en otras facetas de la vida le gusta ser conservador y no le resulta tan fácil salir de la rutina en la que acaba instalándose.

Para volver a salir de esa rutina en la que la mayoría de los ochomilistas afrontan sus objetivos es necesario una audacia especial, un fuerte compromiso, cierto inconformismo y un equilibrio de fuerzas que aúnen todos los valores que permitan dar ese paso innovador. Además, cuando la vida está en juego como ocurre en el caso de la montaña, se debe hacer hincapié en tratar de discernir dónde está el límite entre la cordura y la temeridad, por lo que el alpinista deberá no dejarse llevar por emociones que no tienen que ver con lo que persigue.

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